Hemos llegado a los años 60, y en ellos se va a producir una verdadera revolución animada por dos factores. Uno de ellos es con el ingente desarrollo del motor creado por Walter Kaaden. El motor de dos tiempos, capaz de generar el doble de combustiones en el mismo tiempo que el de cuatro tiempos, logró su madurez, y abrió la puerta a la invasión japonesa.
Si los ’50 fueron la década de las luchas entre italianos, con desarrollos técnicos tan avanzados como las tetracilíndricas de MV Agusta y Gilera, o la increíble Moto Guzzi V8, en los ’60 Honda, Yamaha y Suzuki crearon motores con cilindradas unitarias de 25 cc, propulsores de seis cilindros en línea, V4 de doble cigüeñal de dos tiempos, y los tres se enzarzaron en una batalla sin cuartel gastando dinero como jamás se había visto en el Mundial. Era evidente que ese ritmo no podía mantenerse, pero también que los japoneses lograron su objetivo, recoger la tecnología necesaria para que sus motos de serie pasasen de ser consideradas poco más que chatarra, a ser las más deseadas del mundo.




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