¿Por qué construir un circuito de MotoGP en medio del desierto?
Dos décadas después de la primera carrera de MotoGP en Qatar, es un buen momento para contar la historia del circuito de Losail. Todo empezó con una pandilla de aficionados locales que se morían de ganas por hincar la rodilla…
14 de marzo de 2024.
Autor: Mat Oxley / Traducción: Venancio Luis Nieto
En octubre de 2004 aterrizamos en el aeropuerto de Doha para asistir a la primera carrera de MotoGP en Qatar, el primer gran premio de motociclismo en Oriente Medio.
Aterrizamos en un pequeño y polvoriento aeropuerto al lado de una pequeña y polvorienta ciudad, y nos preguntamos qué hacíamos allí. El edificio más alto de Doha era el hotel Sheraton, de 16 plantas, y el flamante circuito de Losail estaba a 30 minutos en coche por el desierto, entre caravanas de camellos (sí, en serio) y con las aguas del Golfo Pérsico brillando en la distancia.
No sabíamos por qué estábamos allí como tampoco sabíamos lo que se avecinaba en el mundo de las competiciones de motor.
Unos meses antes, el cercano Bahréin había acogido el primer GP de Fórmula 1; cinco años más tarde llegó la ronda de F1 en Abu Dabi, en el escandalosamente ostentoso recinto de Yas Marina; después, el primer GP de F1 de Qatar, en Losail, en 2021; y, por último, el primer GP de F1 de Arabia Saudí, en 2022
La ronda inaugural de MotoGP en Qatar resultó inolvidable, sobre todo gracias a una legendaria anécdota que involucró a parte del equipo de Valentino Rossi y que tuvo lugar al amparo de la oscuridad en la víspera de la carrera. La arena era -y sigue siendo- un problema en Losail porque llega al asfalto desde el desierto que rodea el circuito. ¿Recuerdas la salida derrapando de Jorge Martín en el GP de Qatar de 2023?
Volviendo a aquellos días de los comienzos, el equipo de Rossi tuvo la brillante idea de llevar un scooter hasta el lugar de la parrilla desde el que el italiano partiría en la carrera del día siguiente, y realizar allí varios burnouts para depositar goma sobre el asfalto y crear una superficie con mejor agarre para una salida más rápida cuando se apagase el semáforo.
Aquella temporada, además, fue la de la proeza de Rossi al transformar la vergonzosa Yamaha YZR-M1 en toda una campeona del mundo. Su principal rival en el campeonato era entonces Sete Gibernau, con Honda, que todavía tenía cerca a Rossi en la cabeza del campeonato cuando apenas quedaban cuatro carreras. Desafortunadamente, Gibernau pilló al equipo de Rossi haciendo su pequeño numerito con el scooter.
Cuando llegué al circuito el día de la carrera, vi a un grupo de jefes de equipo manteniendo una acalorada discusión detrás de los boxes. Algo debía estar pasando, porque no se suele ver a esta gente discutiendo delante de los medios de comunicación.
Gibernau había presentado una queja formal, por lo que Dirección de Carrera había penalizado a Rossi con el último lugar en parrilla, algo que asestaba un claro golpe a sus posibilidades en la lucha por el campeonato.
La sanción enfadó mucho a Rossi, que el día de la carrera salió como un loco y tuvo una caída cuando rodaba ya en tercera plaza. Gibernau ganó la carrera y aquello le puso a tiro el liderato de Rossi.
Después, Rossi vaticinó que Gibernau no volvería a ganar una carrera. El español había logrado ocho victorias en MotoGP en los 19 meses anteriores, por lo que esto parecía algo bastante improbable. Sin embargo, la maldición hizo efecto y Gibernau no volvió a ganar una carrera nunca más. Espeluznante.
Mientras tanto, Rossi voló a casa para recuperarse de una lesión en la mano, y más tarde a Malasia, donde vapuleó a Gibernau y el resto de la parrilla. Al final de la carrera, se detuvo en la vuelta de honor, cogió una escoba que le guardaban los miembros del Fan Club y simuló estar barriendo la pista.
Para ser sinceros, en 2004 la mayoría de nosotros nos alegramos de marcharnos de Qatar. Había sido una experiencia surrealista, como si un evento de MotoGP se hubiera celebrado en la luna, con apenas un puñado de aficionados en la pista y vagando en un mar de arena donde el termómetro del pitlane subía hasta los 48 ºC. Fue entonces cuando se empezó a hablar de una carrera nocturna.
Lo que tampoco sabíamos en 2004 era que Losail iba a ser uno de los primeros pilares de un nuevo imperio, una potencia financiera de Oriente Próximo.
Cuando aterrizas en la actual Doha, Abu Dhabi o Dubai, te das cuenta de que estos países juegan en una liga distinta a Europa, Estados Unidos, la mayor parte de Asia y el resto del mundo.
Las naciones de Oriente Medio ricas en petróleo y gas han gastado cientos de miles de millones en crear una serie de enormes centros financieros, diseñados para preservar el futuro económico de la región una vez que el petróleo y el gas se agoten.
Doha ha dejado de ser un pequeño pueblo polvoriento para convertirse en una ciudad con un skyline digno de Manhattan, con docenas de rascacielos iluminados por la noche como bolas de discoteca que compiten por llamar la atención, además de algunas obras de arquitectura contemporánea realmente impresionantes.
Al mismo tiempo, varios países de Oriente Medio están muy implicados en el deporte, desde la Fórmula 1 al fútbol, pasando por el tenis, el golf y todo lo que sea noticia en el mundo con el fin de promover su agenda global.
Con razón, también se les acusa de lavar su imagen con el deporte para distraernos de las violaciones de los derechos humanos y otros asuntos. Pero el blanqueamiento a través del deporte tampoco resulta nada nuevo.
El lavado de imagen en el deporte lleva miles de años entre nosotros. Los emperadores romanos ya distraían a la población con pan, circo y gladiadores, mientras que los nazis llegaron a financiar a Auto Union (Audi) y BMW para que dominaran las competiciones de coches y motos en la década de 1930.
La industria del tabaco también mantuvo las parrillas de los circuitos durante décadas, al igual que hacen en la actualidad la industria petrolera, las empresas petroquímicas, los grandes bancos, las compañías de criptomonedas, los negocios de esquema piramidal, los evasores fiscales, las cadenas de comida rápida y las marcas de refrescos.
Lo cierto es que el dinero, el deporte y la política siempre han ido de la mano.
De hecho, el deporte del motociclismo podría no haber existido nunca si no hubiera sido por el imperio belga, que incluía el Congo, donde la extraña enredadera de caucho Landolphia producía la savia necesaria para fabricar neumáticos a finales del siglo XIX y principios del XX.
El rey belga Leopoldo II empleó mercenarios que obligaban a los lugareños a recolectar la valiosa savia. Como consecuencia, murieron entre cinco y quince millones de personas. El libro de Joseph Conrad, «El corazón de las tinieblas», se inspiró en estos sucesos.
Qatar y sus vecinos súper ricos no necesitan invadir países. Qatar ya posee 50.000 millones de euros de activos en Gran Bretaña y tiene importantes participaciones en empresas multinacionales como VW, lo que significa que también poseen una participación en Ducati.
Sin embargo, la historia del circuito de Losail no es la que piensas. El plan original no era construir un circuito en Qatar que atrajera los deportes de motor más populares del mundo, como son MotoGP y la F1.
Los primeros bocetos del trazado estuvieron a cargo de un grupo de entusiastas locales de la motocicleta que querían un lugar donde poder rodar rápido y, al mismo tiempo, ofrecer a los pilotos más jóvenes un lugar donde iniciarse, en lugar de hacerlo en vías públicas con el consiguiente riesgo de colisión con un coche.
Este mismo grupo ya había construido una pista de aceleración a las afueras de Doha, pero terminaron aburridos de correr siempre en línea recta.
A partir de ahí, la idea se convirtió en algo mucho más grande, eran los inicios de la multimillonaria explosión de la construcción de infraestructuras de Qatar. El trazado final reflejaba en cada curva una parte de la costa qatarí, como la del paseo marítimo Corniche en Doha, o la de una de sus carreteras favoritas.
La larga recta de meta se inspiró en la principal autopista norte-sur del país, donde muchos motoristas solían divertirse gas a fondo antes de que el límite de velocidad se lo impidiera.
Uno de los miembros originales de la banda de Losail era el Dr. Khalid M Al-Ali, que se desplazaba por Doha en una Yamaha R1 y era un apasionado de las tandas libres en los circuitos norteamericanos. Durante su estancia en Estados Unidos se licenció en ingeniería mecánica e ingeniería aeroespacial, y trabajó tanto en la NASA como en Silicon Valley.
El circuito de Losail se construyó en medio del desierto porque no iba a estar mucho tiempo en las afueras. Desde hacía más de dos décadas existían planes para construir Losail City, el centro financiero de Qatar, justo al norte de la ciudad.
Así que ahora el circuito está a cinco minutos en coche del estadio de Losail, donde Argentina venció a Francia en la final de la Copa del Mundo del año pasado.
La infraestructura actual del circuito de Losail difícilmente podría ser más distinta de la que originalmente había en 2004. Lo que apenas era un complejo de garajes decente junto a la pequeña ciudad de Portakabin -una infraestructura para la construcción de una autopista bajo la que equipos y pilotos se protegían del sol-, se ha transformado en una instalación de fantasía gracias a una inversión de casi 600 millones de euros para dar la bienvenida a la F1 el año pasado.
La comparación con la mayoría de los circuitos europeos (aparte de Red Bull Ring, mejorado con el dinero de las bebidas energéticas) es evidente: indica que Oriente Medio es ahora el centro del mundo, al menos desde el punto de vista financiero.
Los problemas presupuestarios no existen allí. Hace unos años, un funcionario de la FIM me contó que había asistido a una reunión entre los propietarios del circuito, los promotores locales y la dirección de Dorna para discutir mejoras en las carreras nocturnas de MotoGP de Losail, que habían comenzado a celebrarse en 2008.
Aquel día, el tema del debate estaba en el punto del rocío, cuando se pone el sol y baja la temperatura. El problema estaba en la humedad que se acumula en el asfalto en ese momento, ya que se enfría, reduce el agarre y provoca caídas.
Uno de los participantes locales de la reunión llegó entonces a sugerir que se podría cavar bajo la pista e implementar un sistema de calefacción por suelo radiante para mantener el asfalto a la temperatura deseada.
Sin duda, esta gente juega en una liga distinta a la del resto de nosotros.
Puedes acceder al artículo original en inglés en este enlace.
Foto de apertura: El inolvidable Nicky Hayden durante un evento promocional de MotoGP en Losail, allá por los inicios del GP de Qatar.