MotoGP Cataluña 2025: son los hermanos más rápidos del mundo y el pequeño por fin ha ganado al mayor
Lo ha conseguido: Álex Márquez ha batido a Marc en un Gran Premio por primera vez. Sin embargo, quizá el verdadero héroe de Barcelona haya sido Fabio Quartararo, que esta semana estrena la nueva Yamaha V4.
8 de septiembre de 2025.
Autor: Mat Oxley
El Gran Premio de Cataluña del pasado domingo trajo la 17ª ocasión esta temporada en que Álex y Marc Márquez terminaban primero y segundo. Eso supone más de la mitad de las 30 carreras disputadas en los 15 primeros Grandes Premios.
En Barcelona ha sido también la primera vez que el hermano pequeño ha ganado un Gran Premio de la categoría reina compartiendo podio con el mayor, ya que cuando Álex venció en Jerez el pasado abril, Marc había sufrido una caída.
De ahí las escenas de auténtico caos cuando los equipos Ducati oficial y Gresini se declaraban la guerra entre garajes tras la carrera: batallas de prosecco, comida volando y todo eso. Probablemente, todavía estén limpiando el desastre.
En un momento dado, Álex pedía calma, pero nadie le hacía caso. El gran vencedor fue Gresini, que prácticamente ahogó a Marc en prosecco antes de cargarlo de vuelta a su box y dejarlo en el suelo.
Lo realmente significativo del domingo es que Álex ya ha ganado más Grandes Premios en Barcelona que Marc –toda una primicia–, ya que se trata de su circuito talismán, mientras que esta pista no es precisamente la favorita del hermano mayor.
Álex ganó allí el GP de Moto3 en 2014 y los de Moto2 en 2017 y 2019, y ahora suma cuatro triunfos en casa. Marc solo ha vencido en tres ocasiones: el GP de 125cc en 2010 y las carreras de MotoGP en 2014 y 2019, sus mejores años con la Honda RC213V.
Álex fue el piloto más rápido del fin de semana: pole el sábado, victoria encarrilada en la Sprint hasta que un pequeño error le supuso una caída, y triunfo incontestable en la carrera larga.
Nada de esto ha sorprendido, dada su velocidad en Montmeló y, en especial, por el rendimiento que ya demostró en el test de fin de temporada disputado allí el pasado noviembre.
«Ya en mi primera tanda con la GP24 fui rapidísimo, pude pilotar como quiero y disfrutar de la moto», recuerda Álex. «Y si disfrutas, vas rápido. El año pasado sufrí con la GP23, pero la experiencia con esa moto me está ayudando ahora. En un año duro aprendes el doble que en uno bueno».
Cuando comenzaba la carrera los hermanos se apoyaron un poco, con Marc abriéndose paso hasta la cabeza, pero ambos cuidaban los neumáticos, así que no lograban despegarse de la KTM de Pedro Acosta, el único que montó el neumático trasero blando. Después de tres vueltas, Marc cortó gas en la recta principal para dejar pasar a Álex.
«Mi estrategia era seguirle para abrir hueco con el grupo», explicaba Marc más tarde.
Los hermanos probablemente tuvieron suerte de que Acosta eligiera la goma blanda, ya que, aunque el neumático no le permitía rodar con ellos (algo sorprendente), sí le bastó para defender el tercer puesto de su compañero de marca Enea Bastianini hasta mediada la carrera. En cuanto rebasaba a Acosta –con una espectacular maniobra con la rueda trasera en el aire en la curva 1– comenzaba a recortar: de 1,2 segundos a 0,9 en tres vueltas.
Sin embargo, no iba a llegar más lejos, ya que había castigado demasiado el neumático trasero en su lucha con Acosta. Tras dos tercios de carrera, se rendía.
Marc no. La gran pregunta era, por supuesto: ¿dejaría ganar a Álex? Con su enorme ventaja en el campeonato podría permitirse ese lujo, pero en realidad no llegó a estar en esa situación.
«Mi plan era atacar en las últimas siete u ocho vueltas», comentaba el mayor.
Y lo intentó. Redujo la distancia a dos décimas, pero Álex sabía que venía y también rebajó sus tiempos, lo que llevó a Marc a cometer errores tratando de alcanzar su estela.
«Estaba intentando compensar en las curvas de izquierdas», añadía Marc, cuya lesión en el brazo derecho no le permite flirtear en las de derechas.
La vuelta 19 de las 24 resultó su perdición: se fue largo en la curva 7, donde casi se había caído en la Sprint, y tampoco acertó en la curva 10, donde Álex había caído en la Sprint. Entonces, él también sacó la bandera blanca.
«He intentado gestionar los neumáticos, mi estrategia era atacar otra vez, a siete, ocho o nueve vueltas del final, cuando apretaba más», decía Álex.
Su segunda victoria dominical de MotoGP significa más que la primera porque esta vez ha tenido que ganar al piloto más rápido del mundo.
«Es más especial, porque no es fácil controlar a Marc», añadía.
Álex resultaba imbatible en Barcelona porque era rápido donde realmente importa: en las curvas largas de derechas, sobre todo las 3, 13 y 14, donde todo depende de la suavidad y de usar el gas con mimo para no hacer patinar el neumático, lo que provocaría un pico de temperatura que lo destrozaría. En estas situaciones, el más rápido suele ser el que usa una pizca menos de gas, porque en cuanto la goma empieza a deslizar, dejas de avanzar.
«Álex está fortísimo en las largas derechas y es muy suave; yo voy casi igual de rápido, pero lucho contra la moto», aclaraba Marc.
Así que todavía no sabemos qué pasará si los hermanos se encuentran codo con codo peleando por la victoria en la última vuelta.
De hecho, le pregunté a Álex eso exactamente hace unas carreras…
«Vale, si voy por dentro, estaré feliz», me contestó entre risas. «Si voy por fuera, pensaré: ‘¡Que te jodan!’».
Los cuatro pilotos de la RC16 coinciden en que la mejora aerodinámica frontal recibida tras el parón veraniego ha ayudado mucho. El leve rediseño de los alerones principales aumenta la carga sobre el neumático delantero, de modo que al abrir gas la rueda mantiene mejor agarre y se puede girar con más fuerza. Esto ha sido clave en los largos virajes de Montmeló.
El resultado de Bastianini acerca a KTM a dos puntos de Aprilia, que tuvo un fin de semana mayormente aciago, salvo por el combativo sexto puesto de Ai Ogura el domingo con la montura de Trackhouse. Ha sido el mejor resultado del japonés desde su espectacular debut con la quinta plaza en Buriram, tras la que ha tenido varias caídas que llegaron a minar su confianza.
Mientras Aprilia y KTM se disputan el subcampeonato de constructores, actualmente con 239 y 237 puntos, Ducati se aseguraba matemáticamente el título el sábado tras la Sprint, cerrando el fin de semana con 541 puntos. No sería extraño que la marca de Bolonia triplicara la puntuación de sus rivales a final de temporada.
Este es el sexto título consecutivo de constructores para Ducati, que entra así en el Olimpo de los fabricantes. Los únicos con rachas similares son MV Agusta (1958-65 y 1967-73), Suzuki (1976-82) y Honda (1994-99).
Los éxitos de MV en los años 60 y 70 constituyeron una anomalía, ya que fue el único fabricante presente en el Mundial de 500cc durante la mayor parte del tiempo. Y su dominio llegó después de que el conde Domenico Agusta rompiera el acuerdo alcanzado con Gilera y Moto Guzzi a finales de 1957.
La GP25 de Ducati quizá no sea tan buena como la GP24, pero en manos de Marc es más que suficiente: ha sumado ya más del doble de puntos que su compañero Pecco Bagnaia, que tuvo su peor sábado del año (21º en clasificatoria y 14º en la Sprint). El domingo recuperó un poco la compostura, remontando hasta la séptima plaza desde la séptima línea de parrilla.
El piloto-revelación del fin de semana ha sido Fabio Quartararo, que lograba lo que parecía imposible con la Yamaha YZR-M1: desde la Q1 hasta la primera línea de parrilla y segundo puesto en la Sprint tras las que posiblemente fueran sus mejores primeras vueltas de esta temporada.
Ver a Quartararo batirse con Márquez, como ya hicieran en 2019 –dos talentos descomunales, sin concesiones– resultaba todo un espectáculo.
Quartararo está probando la nueva Yamaha V4 en Barcelona mientras escribo estas líneas. Yamaha ya cree que la moto está lista para competir, de lo contrario no habría inscrito a su probador Augusto Fernández para correr con ella este fin de semana en Misano. Y si ya es competitiva ahora, lo lógico es que Quartararo la estrene en el GP de Japón a finales de este mes. Seguir con el motor en línea solo haría perder tiempo de desarrollo.
Así pues, se podría argumentar que las tres mejores motos de MotoGP de todos los tiempos son la Suzuki RG500, que dominó finales de los 70 y principios de los 80; la Honda NSR500, que reinó en los 90; y la Ducati Desmosedici, la máquina que hizo de MotoGP lo que es hoy, para bien o para mal.
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Pie de fotografía de portada: Los hermanos Márquez saludan a sus seguidores en la Curva 12 del Circuit de Barcelona-Catalunya.