Los pilotos de MotoGP no deben ser amigos
15 de marzo de 2023
Texto: Antonio Ramos / Fotos: MotoGP.com
¿Alguien se hubiera imaginado a los pilotos americanos y australianos que dominaron la antigua clase reina de 500 posando juntos, sonrientes, compartiendo entrenamiento, disfrutando de una comida o alabando en las redes sociales a su rival por el título? Más recientemente, ¿alguien recuerda a Valentino Rossi, Casey Stoner, Dani Pedrosa o Jorge Lorenzo haciendo algo similar? La respuesta es no.
Hay un elemento identitario que en los últimos años el Campeonato Mundial de velocidad ha echado en falta y debe recuperar cuanto antes. La historia de todos los grandes personajes es posible gracias a sus rivales. Alejandro Magno no habría logrado ser nunca quién fue sin la figura de Darío III, igual que Francisco de Quevedo sin Luis de Góngora o Muhammad Ali sin Joe Frazier. Toda historia se nutre de vencedores y vencidos, héroes y villanos, buenos y malos.
"El motociclismo tiene que despertar en el aficionado impulsos emocionales llenos de credibilidad".
En el circuito sueco de Anderstorp, un jovencísimo Freddie Spencer sobrepasó a Kenny Roberts Sr en una polémica maniobra de última vuelta para ganar y sumar así tres puntos más que resultarían decisivos en la consecución del título mundial de 1983. Treinta años más tarde, Marc Márquez batió ese récord de precocidad, pero incluso después de todo ese tiempo ‘Fast’ Freddie y ‘King’ Kenny seguían sin cruzar palabra sobre aquel lejano episodio.
Bien conocido es también el caso de Wayne Rainey y Kevin Schwantz. No se cayeron bien desde el principio y esa rivalidad se mantuvo desde tiempos compitiendo en el AMA Superbike estadounidense, pasando por las míticas carreras del Transatlantic Trophy británico hasta llegar al Campeonato del Mundo de 500. La rivalidad entre ambos quedó plasmada en incontables duelos al límite. Cuando el primero sufrió el accidente que acabó con su carrera deportiva en el Gran Premio de Italia de 1993, el segundo perdió su hambre de victoria. Treinta años después aseguran ser amigos, pero prefieren no fastidiarlo hablando de carreras.
Hay veces en que el entorno, las circunstancias o la propia prensa espolean más que nadie una rivalidad. Sito Pons y Juan Garriga mantuvieron un inolvidable duelo luchando por el título mundial de 250. Aquel duelo dividió a la afición española y acabó con la victoria de Pons, quién se hizo al mismo tiempo con la herencia histórica de ser el primer campeón español en la antigua clase intermedia del «cuarto de litro», un logro que había acariciado el malogrado Santiago Herrero en 1969 antes de perder la vida en el Tourist Trophy de la Isla de Man cuando lideraba de nuevo el campeonato al año siguiente.
Sin embargo, en la era contemporánea del Campeonato del Mundo ningún piloto ha sabido alimentarse a base de descomponer a sus rivales en la pista y fuera de ella como Valentino Rossi. Para todos han quedado en el recuerdo su mítica peineta a Max Biaggi en Suzuka 2001, sus abrasivos adelantamientos a Sete Gibernau en Jerez 2005 y a Casey Stoner en Laguna Seca 2008, o el archi famoso incidente con Marc Márquez en Sepang 2015.
Todo esto parece ya muy lejano y no sólo por el paso del tiempo, sino por la cada vez mayor influencia de un extraño clima de “buenismo” que aparentemente ha invadido el paddock de MotoGP y dejado a los aficionados huérfanos de las fuertes rivalidades como las que les hicieron vibrar en el pasado. El motociclismo tiene que despertar en el aficionado muchos y variados impulsos emocionales regidos por la pasión, pero llenos de credibilidad. Actualmente, lo cierto es que resulta un poco raro ver a dos pilotos luchando por la victoria hasta la última vuelta de una carrera de MotoGP, con el honor del triunfo y el deshonor de la derrota en juego, y que minutos más tarde interactúen en el parque cerrado como amigos disfrutando del domingo en un karting de alquiler.
"El Mundial necesita que emerjan nuevos héroes y antihéroes que activen la chispa entre los nuevos aficionados y les convierta en incondicionales de este magnífico deporte".
No obstante, también es cierto que resulta inútil luchar contra el paso del tiempo. En esencia es inexorable y destruye a quien se interponga en su camino. Y con ello a cada generación. Los pilotos de antes no contaban con el factor de las redes sociales, principal herramienta del fenómeno “bien queda” gracias a su recorrido mundial en sólo unos segundos. A pesar de la creciente cobertura televisiva, hace sólo unos años lo que pasaba en los circuitos tenía muchas posibilidades de quedarse en los circuitos. Con esto no se pretende que las RR. SS y su instantánea capacidad para interactuar directamente con el aficionado sea algo negativo, ni mucho menos. Sin embargo, el uso que se termina haciendo de ello, en muchos casos, sí. Hoy en día, la imagen del piloto fuera de la pista lo es todo. Esta realidad significa al mismo tiempo que también estar importando cada vez menos lo que ese mismo piloto haga dentro de ella.
Este pasado año hemos observado como los principales contendientes a la corona de la categoría reina se intercambiaban palabras de mutuo afecto antes y después de las carreras. Será crucial ver el día, si es que llega, que se encuentren más en pista y luchen por el mismo objetivo y no tengan otra escapatoria que vérselas despiadadamente contra el rival. Ese curioso, además de perjudicial para el espectáculo, también resulta inequívocamente falso. Al final, siempre es el primero en caer cuando se cruzan los verdaderos intereses. Sólo hay que recordar cómo era la relación entre Valentino Rossi y Marc Márquez en 2013, y cómo terminó siendo en 2015. El Mundial necesita más que nunca que haya irreconciliables rivalidades como en el pasado, y que así emerjan nuevos héroes y antihéroes que activen la chispa en los nuevos aficionados para engancharse a este magnífico deporte.
A punto de comenzar una nueva temporada del Campeonato del Mundo, nuestro único deseo es, aparte del evidente por la seguridad para los pilotos y que volvamos a disfrutar de un formidable espectáculo, es que ese buenismo se esfume cuanto antes de la parrilla de MotoGP.