Ducati: «¡Vamos a necesitar una Desmosedici todavía mejor!»
Puede que Jorge Martín haya dominado el GP de Portugal, pero la forma en que el «Tiburón» Pedro Acosta pilotó su KTM sugiere que la superioridad de Ducati en MotoGP podría tener sus días contados.
26 de marzo de 2024.
Autor: Mat Oxley / Traducción: Venancio Luis Nieto
Mediada la carrera del GP de Portugal del pasado fin de semana, la acción en pista se había convertido en uno de aquellos aburridos desfiles de la era MotoGP 800: una comitiva que seguía los pasos del líder de carrera sin que nadie pudiera hincarle el diente al piloto que rodaba inmediatamente delante.
Entonces llegó Pedro Acosta, que se coló sin que muchos lo esperasen y convirtió un tedioso cóctel de etiqueta en una rave. De los clásicos «¿Tinto o blanco» o «¿Y tú, ¿a qué te dedicas?», se pasó a un «¡No puedes comportarte así en público!», «¡No puedes adelantar ahí!» o «¡Qué demonios te crees que estás haciendo, tienes que tratar a tus mayores con más respeto!».
Por segunda ocasión consecutiva, el debutante español salvó el espectáculo de la carrera de MotoGP deslumbrando a los aficionados con sus habilidades sobrenaturales a los mandos de su RC16, al igual que hicieron Marc Márquez y Valentino Rossi cuando llegaron a la categoría reina, haciendo saltar por los aires todas esas reglas no escritas sobre lo que se puede y no se puede hacer sobre una gran máquina de GP.
No se puede olvidar, sin embargo, que Márquez subió incluso al podio en su debut en MotoGP y que ganó su primera carrera en la que solo era su segunda salida. También es cierto, por el contrario, que Rossi acabó con caída sus dos primeras carreras de 500cc. Pero ahora MotoGP es distinto: más rápido, ajustado y complicado que nunca.
El «Tiburón» se abalanzaba sobre su primera víctima. Casi podía escucharse la mítica melodía...
Acosta consiguió finalmente el tercer puesto gracias a que otro piloto tuvo problemas mecánicos, pero el resultado le convirtió en el tercer piloto más joven en el podio de la clase reina en los 76 años de carreras en el Campeonato del Mundo.
Los más jóvenes son el estadounidense Randy Mamola, que fue segundo en Imatra (Finlandia) en 1979, y Eduardo Salatino, en Argentina en 1962, una carrera que empezó con sólo 11 pilotos en la parrilla, todos ellos sudamericanos. Como Acosta, Mamola y Salatino tenían entonces 19 años.
La ronda de Portimao ha resultado una prueba de talento y la inteligencia mucho más exigente para Acosta que la del inicio de la temporada en Qatar, dos semanas antes. Lusail es un circuito bastante sencillo y Acosta había pasado allí dos días enteros haciendo pruebas, por lo que llegó al fin de semana plenamente preparado.
Acosta nunca se había pilotado una MotoGP en Portimao hasta el viernes por la mañana, siendo al mismo tiempo la pista de la montaña rusa un lugar que esconde mil secretos. Y para complicar aún más las cosas, la FP1 resultó un desastre en su mayor parte, ya que la pista se había convertido en un arenal por la lluvia caída durante la noche anterior.
Así que su primera sesión útil de MotoGP fue la clasificatoria del viernes por la tarde en la que perdió por cuatro centésimas de segundo la oportunidad de pasar directamente a la Q2. El sábado por la mañana pasó a la Q2 logrando el segundo mejor registro de la Q1. Unas horas después, acabó séptimo en la carrera Sprint tras remontar desde la undécima posición.
En la carrera GP del domingo Acosta estuvo impresionante, a pesar de lo que había dicho durante los entrenamientos.
«Es complicado adelantar en MotoGP, porque cuando estás detrás de alguien tus alerones no funcionan de la misma forma y perdemos mucha estabilidad en las zonas de subida, como la curva 8 (antes del famoso salto de Portimao) y también en la última curva».
Comenzó bien la carrera larga, aunque perdió un puesto con su compañero de KTM Brad Binder antes de ponerse las pilas. En la quinta vuelta, Binder se metió por dentro en la curva 1 a su compañero de equipo Jack Miller, empujando ligeramente a este, momento en el que el Tiburón se abalanzó sobre su primera víctima. Séptimo. Casi se podía escucharse la mítica melodía…
Dos vueltas más tarde, el Tiburón fue a por Binder en la curva 1 mientras la RC16 bailaba bajo su trasero. Es difícil describir la valentía que se necesita para atacar en la curva 1, especialmente mientras, en sentido figurado, la placa con la L de principiante cuelga todavía de tu máquina. Hay que frenar desde casi 350 km/h mientras caes por la pendiente que precede al viraje, pero lo consiguió.
Después de la carrera, este periodista fue lo suficientemente valiente -o estúpido- como para preguntar a Binder si había aprendido algo al pasar las vueltas siguientes detrás de Acosta. Como todos los demás pilotos a los que se había hecho la misma pregunta este año, todo lo que el sudafricano expresaba por el joven era admiración.
«¡Cuando me adelantó estaba pilotando a lo bestia!», comentaba Binder con humor. «Es muy especial. Cuando le ves pilotar te das cuenta de lo bueno que es, de cómo controla la moto, de la velocidad que lleva en las curvas y de lo bien que sale de ellas. Tiene mucha clase», aseguraba el sudafricano.
A continuación, se encontró con un seis veces campeón de MotoGP, Marc Márquez. Pedro solo necesitó una vuelta para acortar distancias y pasar directamente al ataque, sin perder ni un segundo. En la curva 1 repitió el adelantamiento que le había hecho a Binder y pasó con un par de centímetros de margen como si Márquez no estuviera allí.
Definitivamente, y haciendo honor a las propias palabras de Acosta tras su primer GP hace unas semanas en Qatar: «Sales ahí fuera y le echas un par de pelotas».
A esas alturas de la carrera, la RC16 de Acosta ya mostraba los efectos de su pilotaje al límite, con la pintura roja raspada en ambos lados del carenado, ¡algo que se supone no debe ocurrir con una MotoGP!
A continuación, llegó al cuarto clasificado, Pecco Bagnaia. El campeón en título y ganador del pasado GP de Qatar solo fue otra de sus víctimas. Acosta siguió al piloto oficial de Ducati durante 13 vueltas en los compases intermedios de la carrera, un momento en el que los seis primeros clasificados habían estado rodando en una suerte de ordenada procesión, como si estuvieran en una carrera de Fórmula 1.
Portimao no es una pista de queme neumáticos como Lusail, donde Acosta deshizo su goma posterior rodando a saco en las primeras vueltas, pero esta vez no se desvaneció al final. Vuelta tras vuelta, se quedaba a una o dos décimas de Bagnaia, siempre rodando al límite, pero con una gran consistencia. En una única ocasión se fue largo al salir de la curva 1. La RC16 se retorció, pero el piloto aguantó dejando que recuperase la compostura para volver a acelerar.
Finalmente, en la vuelta 21 de las 25, realizaba una soberbia maniobra sobre Bagnaia en la horquilla de la curva 5, parando su moto por el interior de la Ducati, haciéndola girar, abriéndose un poco y con ambos pilotos a punto de colisionar cuando Bagnaia ha intentó aprovechar recortando el viraje.
«El adelantamiento a Pecco fue el que más disfruté, ya que pasé muchas vueltas detrás de él para ver cómo movía el cuerpo para aprovechar el agarre y entender lo que hacía para no destrozar sus neumáticos. Los domingos, es uno de los mejores en eso», llegó a confesar Acosta sobre el profesor Bagnaia. «Tuve la oportunidad de ver muchas cosas, así que estoy más que contento», añadía.
En otras palabras, más que a un tiburón, se parece a un «robot-tiburón»: un asesino de infinitesimal precisión.
Ahora más que nunca, las carreras de MotoGP son un deporte de equipo, por lo que Acosta no deja de deshacerse en elogios hacia la gente que le rodea.
«Sólo tengo buenas palabras para todo el equipo porque no es tan fácil llegar a un circuito nuevo con una moto de MotoGP sin experiencia, y tampoco resulta sencillo gestionar mi cabeza porque no soy la persona más fácil en semanas de carrera. Todos están trabajando como locos: cada mañana me despierto con veinte mensajes de mi responsable de datos y de mi jefe de mecánicos, siempre con muchas cosas que comprobar para entender dónde hay que mejorar».
«Están haciendo un trabajo increíble, también en Pierer Mobility Group. Paso a paso, la marca está más cerca de convertirse en la mejor de la parrilla. Estamos llegando».
Este es un punto enormemente importante. MotoGP lleva solo dos grandes premios en una temporada de 21, pero KTM es la marca que más ha progresado desde el año pasado. La RC16 es súper rápida en todas partes y parece ser una moto más manejable que la Ducati, por lo que los pilotos pueden jugar con ella y hacer un poco su magia, mientras que la Desmosedici necesita ser pilotada de la forma que imponen los ingenieros.
La RC16 parece más consistente en ese punto tan crítico como es usar el freno trasero para ayudar a detener la moto mientras miras al ápice, y después para ayudarla a girar. Eso es lo que permitió a Acosta ejecutar su maniobra sobre Bagnaia.
«En la bajada de la curva 1 a la 3, puedes inclinar la moto y conseguir que se detenga en seco sin dejar la línea blanca por el interior, algo que era difícil con la Ducati», admitía Miller, actual piloto de KTM y anteriormente oficial de Ducati.
La aportación de Acosta al pilotar la RC16 a un nivel aún más alto también va a contribuir a reducir la ventaja de Ducati. «Juntos podemos seguir empujando para sacar adelante este proyecto», añadía Binder.
Bagnaia, que había liderado la Sprint del sábado hasta que cometió un error, tuvo dificultades desde el inicio del GP en la jornada del domingo.
«Nada más empezar, tuve problemas», dijo tras su peor fin de semana desde Argentina el pasado año. «Estaba luchando detrás de los primeros para cerrar las trazadas con su mismo nivel de agarre. Todos eran muy rápidos en las curvas 4 y 5. Ganaban dos décimas en cada aceleración de la 4 y de nuevo dos décimas en la 5. Yo intentaba utilizar diferentes trazadas, tratando de imprimir la misma velocidad que ellos, pero siempre me iba largo, así que todavía tenemos que entender por qué».
Uno de los problemas de Bagnaia estaba en el clásico chattering, algo que ha afectado a la mayoría de los pilotos de las GP24 en un momento u otro de lo que llevamos de temporada.
«Intenté cerrar mi trazada, él cerró la suya y chocamos»
Su otro problema lo tuvo en la Sprint, cuando la parte trasera de su moto se levantó al frenar en la curva 1. Eso fue una combinación de distintos factores. Los depósitos de combustible más pequeños que utilizan los equipos para las carreras al sprint almacenan casi todo el combustible debajo del piloto, bastante atrás, por lo que a medida que se reduce la carga de combustible, la parte trasera se va aligerando. Bagnaia no tuvo en cuenta esta circunstancia en la bajada de la curva 1.
¿Y qué es lo que llegó a ver Bagnaia de Acosta cuando este le rebasó el domingo?
«Cuando Pedro llegó, tenía un ritmo realmente rápido, con mucho movimiento y derrapajes».
En los compases finales, Bagnaia tuvo verdaderos problemas con sus neumáticos, mientras que Márquez comenzó a ver la luz al final del túnel cuando sus gomas estaban ya degradadas, ya que su mejor momento llega cuando puede comenzar a derrapar a su estilo.
En la vuelta 20 de las 25, Márquez marcaba su vuelta rápida. En la vuelta siguiente, Bagnaia firmaba su vuelta más lenta. Dos giros más tarde, Márquez se metía por el interior del campeón en la curva 5, y, viendo que se iba largo, cerraba su trazada mientras Bagnaia veía un hueco y se lanzaba a por él. ¡Bum! Ambos impactaban y se iban al suelo.
«Cuando Marc ha llegado, ha intentado adelantarme y se ha ido largo, así que he intentado cerrar mi trazada, él ha cerrado la suya y hemos chocado», explicaba Bagnaia. «Me da rabia, pero es normal, es un incidente de carrera, así que tenemos que pasar página».
Márquez lo veía de otra forma.
«En las últimas vueltas empezaba a ser cada vez más rápido, ya que me siento más a gusto rodando con los neumáticos degradados, pero entonces llegó la curva 5 y el accidente», contaba. «Para mí, fue un error de Pecco, pero no solo por el incidente. Intentó recuperar la plaza y, vale, parece que fue demasiado optimista, aunque los contactos pueden ocurrir, pero me pareció un error porque estábamos luchando por el quinto y el sexto puesto, dos puntos más o dos puntos menos. Estaba sufriendo mucho con el neumático trasero, así que cuando quedan tan pocas vueltas y sabes que vas a perder la posición, no es necesario contraatacar de esa forma tan agresiva».
Márquez levantó su moto y remontó para terminar 16º. Bagnaia no pudo reemprender la marcha. Esta colisión entre ambos tenía su importancia. Ambos sabían que se iban a encontrar en uno u otro momento, y también tenían presente que ninguno debía dar un paso atrás cuando llegara ese momento. Y eso es exactamente lo que ocurrió: ninguno de los dos cedió. La próxima vez que se encuentren, sin duda acapararán de nuevo toda la atención.
Y luego llegó el golpe de teatro final. Jorge Martín había liderado desde el principio, siendo perseguido hasta el final por Maverick Viñales, que nunca se acercó lo suficiente para atacar y luego se vio incluso presionado por el compañero de equipo de Bagnaia, Enea Bastianini.
Al final del último paso por la recta principal, Viñales frenaba de repente y agitaba la pierna para avisar a los pilotos que le seguían. Su Aprilia le dejaba tirado en la curva 1 cuando por fin conseguía engranar la segunda marcha.
Solo Viñales sabía que había tenido problemas con la caja de cambios desde el principio. Cada vuelta le costaba más cambiar de quinta a sexta marcha, lo que le hacía perder velocidad máxima y tiempo por vuelta. Su moto era casi 8 km/h más lenta que la RS-GP más rápida de la carrera debido a este problema. Entonces, ¿podría haber tenido el ritmo suficiente para vencer a Martín sin ese problema? Es muy posible que sí.
La caja de cambios de Viñales terminaría explotando al final de la penúltima vuelta.
«He oído un ruido muy extraño en su moto», aseguraba Bastianini, que arrancaba desde la pole y pasaba muy cerca de la Aprilia en el momento de romperse.
Los dos primeros clasificados en meta estaban encantados de haber superados sus demonios de Portimao: Bastianini vio cómo se arruinaba su temporada 2023 por una colisión contra otra Ducati en la curva 5, mientras que el ganador Martín sufrió graves lesiones en una aparatosa caída en esta misma pista en 2021, un lance que le hizo incluso plantearse la retirada.
La primera victoria de Martín en un GP desde Tailandia el pasado año le sitúa como aspirante al título. Esta será su cuarta temporada en MotoGP, por lo que es más rápido, se siente más tranquilo y ha alcanzado una mayor madurez.
En la Sprint del sábado fue tercero por detrás del ganador Viñales y de Marc Márquez, a pesar de tener problemas de chattering por emplear una goma trasera más blanda.
El domingo, con el neumático medio, con menos agarre, pero más duradero, no tuvo problemas. Martín se puso en cabeza en la primera curva y en eso consistió todo, por lo que se marchó de Portugal con una ventaja de 18 puntos en el campeonato sobre Binder, con Bastianini y Bagnaia algo más atrás.
«Esta regularidad que estamos demostrando es lo más importante en este momento», aseguró. «La clave ha estado en la salida: me he concentrado en ponerme en cabeza en la primera curva y he intentado por todos los medios cerrar la puerta en la curva 3; esa ha sido para mí clave para ganar.
«Al principio me he hecho con una ventaja de tres décimas para mantenerme primero y, en cuanto he comenzado a apretar, he visto que no eran capaces de seguirme. En cuanto se acercaban un poco, he vuelto a apretar, así que creo que ha sido una victoria muy madura», añadía.
«Estoy muy contento y orgulloso del equipo porque estamos haciendo un gran trabajo con la nueva Ducati, que funciona mejor los domingos que los sábados [debido a que los neumáticos blandos y con más agarre son los que más vibraciones producen]. Ganar aquí -donde casi lo pierdo todo y casi dejo de competir-, me sitúa ahora en cabeza del campeonato. Estoy muy agradecido a este circuito porque he aprendido mucho en él».
MotoGP esperará ahora tres semanas hasta el Gran Premio de las Américas en COTA tras la cancelación del GP de Argentina. COTA es un circuito en sentido contrario a las agujas del reloj donde Márquez ha ganado en siete ocasiones, ya que le van más las curvas a la izquierda. Los datos demuestran que ya es el piloto Ducati más rápido en los virajes de izquierda, pero el ganador del año pasado, Álex Rins, también es un súper especialista en ese escenario.
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Foto de apertura: Acosta adelanta a Bagnaia en la curva 3 a cinco vueltas del final: la KTM parece más manejable que la Ducati.