Guerra en el pit lane de MotoGP: Espionaje total

Un altercado en el pit lane entre el personal de Ducati y Aprilia en el GP de Austria ha puesto de manifiesto la guerra de espionaje que se libra en la clase reina de MotoGP, una práctica en la que cada vez se emplea más tecnología y que también forma parte del espectáculo.

31 de agosto de 2024.

Autor: Mat Oxley / Traducción: Venancio Luis Nieto.

Al día siguiente del reciente Gran Premio de Austria apareció un vídeo -quizás grabado por un invitado de un equipo con su teléfono- en el que se veía a Davide Tardozzi en el pit-lane bastante enfadado mientras reprendía a un ingeniero de Aprilia.

¿Qué había podido pasar?

Solo podíamos hacer conjeturas. Lo suyo parecían palabras malsonantes, algo que me hizo buscar en Google palabrotas en italiano. Y más o menos, decía: ¡Hijo de p**a, cabeza de chorlito, tonto del culo!

¿Qué había hecho el tipo de Aprilia para merecer el enfado del popular director del equipo oficial de Ducati?

Pocos días después apareció un segundo vídeo que explicaba exactamente lo que había sucedido.

Ese vídeo mostraba al ingeniero de Aprilia caminando alrededor de la Ducati GP23 de Marco Bezzecchi en el pit lane mientras filmaba la moto con un iPad utilizando el sensor LiDAR de su dispositivo para crear una imagen en 3D de los accesorios aerodinámicos de la máquina, una herramienta que se puede utilizar para crear modelos informáticos de las monturas de sus rivales.

Algunos aficionados criticaron a Tardozzi por perder los nervios. Otros criticaron al ingeniero de Aprilia por espiar, ya que también había estado escaneando otras motos.

¿En serio?

Tardozzi reprende a un ingeniero de Aprilia en el pit lane del Red Bull Ring: ¿qué podía haber hecho mal?

Como es fácil suponer, los fabricantes de MotoGP se espían unos a otros. ¡Sería de tontos no hacerlo! MotoGP no consiste solo en diseñar la moto más rápida y contratar al piloto con más talento, sino en emplear todos los trucos al alcance para sacar ventaja sobre los rivales. Este es un deporte de ingenio, tecnología, talento… y espionaje.

Las fábricas emplean incluso a sus propios fotógrafos y operadores de vídeo para capturar imágenes de las motos rivales en el pit lane y rodando en la pista para crear modelos informáticos empleando técnicas de fotogrametría y videometría.

El espionaje en las carreras ha existido prácticamente desde que se comenzó a competir en moto.

Las conversaciones entre los ingenieros de las fábricas y estos fotógrafos/videógrafos son continuas: «Por favor, graba imágenes de tal parte de la moto en el pit lane, y también de tal piloto frenando en la curva 4».

El espionaje -aunque con un nivel menor de tecnología- ha existido prácticamente desde que se comenzó a competir en moto, ya que está claro que la mejor manera de aprender a hacer las cosas es observar a quien las hace mejor que tú.

En el verano de 1988, el ex campeón del mundo de 500 Wayne Gardner estaba sentado en su autocaravana en el paddock del Circuito Paul Ricard, donde se celebraba el GP de Francia. Su aparato de aire acondicionado estaba funcionando a tope por el calor que hacía, cuando miró afuera y descubrió algo realmente interesante.

Era una época en que el paddock se parecía más a un poblado que a un centro comercial, cuando la mayoría de los equipos trabajaban bajo toldos unidos a los camiones, ya que la mayoría de los garajes del pitlane eran tan pequeños que parecían cajas (de ahí el término «box»).

Esto es lo que había estado haciendo el ingeniero de Aprilia: utilizar el sensor LiDAR del iPad para crear una imagen en 3D de la GP23 de Bezzecchi.

«Hacía mucho calor y en Suzuki [que por aquel entonces contaban con el genial Kevin Schwantz como piloto] tenían el toldo recogido, justo al lado de donde estaba aparcada mi autocaravana», recuerda el australiano. «Entonces, les dije a los japoneses de HRC: ‘Creo deberíais venir y hacer unas fotos’».

«Así que trajeron a un fotógrafo con un teleobjetivo que se pasó todo el día allí, detrás del cristal de espejo de la ventana haciendo carretes y carretes de fotos», continúa. Luego volvieron a Japón, ampliaron las fotos y las colocaron sobre otras imágenes de su propia NSR500.

«Entonces se dieron cuenta de que tenían demasiado peso en la parte baja de la moto. El motor de Suzuki estaba mucho más alto dentro del chasis, así que pensaron de que tal vez deberían trabajar en esa dirección. De repente, Honda descubrió cómo hacer una moto manejable y a partir de ahí comenzó a ser más competitiva».

A Honda siempre se le había dado bien desarrollar motores muy potentes, pero rara vez conseguían montarlos en el chasis adecuado. A partir de entonces, su NSR5000 parecía manejarse cada vez mejor. Seguramente, los conocimientos de Suzuki ayudaron a ello.

Por supuesto, esto funciona en todas las direcciones.

La mayor historia de espionaje de todos los tiempos en los deportes del motor había ocurrido tres décadas antes, cuando Suzuki se hizo mediante una estrategia ciertamente cuestionable con la información más valiosa en aquella época de las carreras.

Ducati, Honda y MV Agusta corrían con motos de «cuatro tiempos», porque eso era lo que se necesitaba entonces para ganar carreras. Sin embargo, la marca MZ, siempre bajo la atenta supervisión del régimen comunista de Alemania del Este, comenzó a ganar con sus revolucionarios motores de «dos tiempos».

Suzuki también competía con mecánicas de «dos tiempos», porque (a diferencia de Honda) las motos de calle que comercializaba también empleaban estos motores, pero sus ingenieros no tenían ni idea de cómo extraer del motor más complicado entre las mecánicas de combustión interna un nivel de rendimiento que les permitiera ganar.

Así que Suzuki optó por robar a MZ los secretos de los motores de «dos tiempos». Pagó al piloto número uno de MZ, Ernst Degner, una pequeña fortuna para que huyera a Occidente antes de terminar la temporada y se llevara consigo componentes de la MZ y dibujos de su diseño, además de su propia experiencia.

Suzuki utilizó esta información para ganar su primer campeonato mundial al año siguiente (que también fue el primer título mundial de un motor «dos tiempos»). En 1976, el británico Barry Sheene ganó el primer título de 500 de Suzuki con la RG500, una máquina impulsada por un motor «dos tiempos» de cuatro cilindros que consistía esencialmente en cuatro cilindros MZ de 125cc cada uno dispuestos en cuadro.

Tardozzi sonríe tras verme intentando fotografiar la GP24 de Bagnaia, ocupando al espacio entre el panel y el mecánico arrodillado que trabajaba en la moto.

En los últimos años, la tecnología de espionaje de MotoGP ha alcanzado su nivel más alto.

El software de videometría -a veces llamado software fantasma o de superposición- está ahora completamente normalizado en el flujo de datos de fábricas y equipos.

Estos vídeos se graban en la pista con cámaras estáticas, de modo que se puede comparar con una precisión milimétrica la dinámica de las máquinas y la técnica de pilotaje para, en consecuencia, crear modelos informáticos que sirvan para perfeccionar tanto las motos como la técnica para pilotarlas.

Las grabaciones de audio también ayudan, ya que revelan configuraciones de encendido de los motores, regímenes de giro y relaciones de cambio, entre otros datos.

Imagínate esta conversación en el garaje de VR46…

«Oye, Diggia, deberías estar 15 centímetros más pegado al bordillo interior en la curva 7, e intentar hacerla en cuarta en lugar de usar la tercera. También pegarte un metro más al interior de tu trazada normal cuando frenes en la curva 9».

Por supuesto, hay otras formas de obtener conocimientos de las fábricas rivales. Los fabricantes contratan a los mejores ingenieros y por eso en KTM y Yamaha se llevan a gente de Ducati, ya que aportan su intelecto, así como los conocimientos que han adquirido en los últimos años.

Volviendo a la anécdota del principio, el ingeniero de Aprilia estaba husmeando en el pitlane alrededor de la GP23 de Bezzecchi cuando la segunda moto de cada piloto está parada y la mayoría de los miembros del equipo están ocupados en otra cosa. Algunas fábricas evitan que sus ingenieros sean pillados en estas situaciones enviándoles a husmear entre las motos de sus rivales vestidos de paisano.

¿Tenía motivos para enfadarse Tardozzi? Davide es un expiloto que ha pasado toda su vida corriendo para ganar carreras, así que siempre va un poco acelerado. En ese caso, ¿por qué debería ser amable con alguien que intenta robar secretos de la Ducati?

¿Y qué delito estaba cometiendo el ingeniero de Aprilia? Aparte de ser espectacularmente descarado, su único delito fue que le pillaran. Aprilia, por cierto, ha pedido disculpas a Ducati, insistiendo en que el ingeniero no estaba actuando bajo sus instrucciones.

En otras palabras, MotoGP es tan cruel en el pit lane y el paddock como en la pista. Esto no es un juego, es algo mucho más serio. Siempre lo ha sido.

George Orwell (autor de la icónica novela 1984) ya lo sabía al escribir «The Sporting Spirit» en 1945, después de ver un partido internacional de fútbol en la posguerra.

Un operador de cámara de Honda (a la izquierda del coche) filmando motos en el pit lane de COTA. Las motos van a velocidad constante en ese punto, sin acelerador ni frenos, por lo que es un buen lugar para observar el equilibrio entre ejes de las motos.

«El deporte profesional no tiene nada que ver con el juego limpio», escribió. «Está ligado al odio, los celos, la arrogancia, el desprecio por el reglamento y el placer sádico de observar su violencia: en otras palabras, es como la guerra, pero sin disparos».

Orwell también se preguntaba si el sentido del deporte consiste en permitir a los seres humanos dar rienda suelta a sus peores instintos.

Y ésta es una de las razones por las que nos encanta el deporte: porque es la guerra sin pólvora, desde los deportistas que dan patadas a un balón en un campo de fútbol hasta los pilotos que corren en moto alrededor de un circuito.

El deporte es el mejor y más original reality show. Vemos a seres humanos llevados al límite, mental y físicamente. Nos encanta verlos triunfar y verlos fracasar. Nos encanta la emoción, la adrenalina, la alegría y la angustia.

En realidad, el Campeonato del Mundo es un espectáculo. Y ser testigo de las reacciones de los pilotos tras las caídas es uno de mis momentos favoritos.

Hay reacciones de todo tipo: desde el piloto que se levanta, se encoge de hombros y camina hacia las barreras, hasta los que lanzan piedras contra sus motos o los que saltan incluso sobre sus máquinas accidentadas.

Esto último sólo lo he visto una vez, cuando Mattia Pasini la emprendió con su Aprilia 125 después de que su motor se gripase, provocando su caída en el GP de Catalunya de 2007. Todavía recuerdo ese momento como si fuera ayer, y de eso va el deporte: de historias y recuerdos.

Y luego están los pilotos que lanzan puñetazos a sus rivales en la puzolana o los que agreden a los comisarios.

De hecho, esto lo he visto en dos ocasiones, cuando Alan Carter lanzó un puñetazo a un comisario tras caerse en el GP de Gran Bretaña de 250 de 1986, y cuando Eddie Lawson le tiró un cono de señalización a un comisario tras un incidente durante el GP de Bélgica en aquella misma época.

Ver a los pilotos enloquecidos por el efecto de la adrenalina no es en lo que cosiste el motociclismo, pero sin duda eso también forma parte de este deporte.

Un vídeo superpuesto de Marc Márquez y Fabio Di Giannantonio en Jerez. Los equipos utilizan estos vídeos como parte de su esfuerzo por rebajar una milésima de segundo adicional.

En la antigüedad, los espectadores obtenían este tipo de emoción viendo a los gladiadores matarse unos a otros en los coliseos.

La excelente película de ciencia ficción «Rollerball», de 1975, traslada la temática de los gladiadores al futuro (concretamente, a 2018). William Harrison, autor de la historia, se había dado cuenta de que los deportes en Estados Unidos eran cada vez más violentos y de que el público disfrutaba con esa violencia, así que previó un futuro en el que el deporte no sería una guerra sin disparos, sino la guerra con muertos incluidos.

Su invento, el rollerball, es un juego de pelota que se juega a muerte en velódromos sobre patines y motocicletas (en la película, se utilizaban unas Honda CB125 fuertemente blindadas.) La visión de Harrison es la de Orwell, aunque llevada al siguiente nivel.

MotoGP no es en absoluto un deporte para débiles. La presión a la que están sometidos los pilotos es terrible, lo mismo que para ingenieros, mecánicos y directores de equipo. Todos viven para joderse unos a otros, así es como funciona.

Así que una discusión en el pit lane tampoco es para tanto. Tardozzi echando la bronca a ese ingeniero de Aprilia forma parte del espectáculo tanto como Pecco Bagnaia y Marc Márquez rozando carenados en Jerez.

Así que disfruta de esta locura. Para eso estamos aquí.

A veces espiar en el pit-lane no es espiar, ¡es demasiado obvio para eso! En la imagen, los ingenieros de Yamaha echan un vistazo a una Ducati de fábrica durante los test de Valencia de noviembre de 2019.

Puedes acceder al artículo original en inglés en este enlace.

Foto de apertura: A las fábricas no les gusta que sus rivales (o los periodistas) fotografíen sus motos sin fibras externas, ya que las fotos, los vídeos y los escáneres pueden utilizarse para crear modelos informáticos que aporten información vital.

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